Descubrimiento

Me acabo de dar cuenta que ella no me manda ni me mata. Pero me trae de los… anhelos. Es decir, que no soy con ella si no soy dócil. Que no soy yo si no le canto. Que no es ella si no es perfecta. Que mejor es no desayunar huevos, de preferencia.

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J. no deja escaparse al corazón.

Será que ese es su super poder entre los mortales.

Igual, cada que intento decir adiós a tanta ilusión, regresa envuelta en flores, en deseos o en tristezas. Y mi corazón da una vuelta o dos, y queda en el mismo lugar del que ella es dueña.

Le he dicho ya varias veces lo triste de su huída y la clemencia de un “no” bien pronunciado. Se ha limitado a la indiferencia… a una indiferencia con caricia.

Ciego, el destino me ofrece amores entre oleadas de sentimientos, desafortunados al compararse todos sumados a una sonrisa de J. Me asusta que esto suene tanto a condena.

Y la ví a los ojos

pero nunca supe si sus ojos se relfejaban en mí.

Lo que sé es que fuimos al cielo en una forma peculiarmente literal. Que me llamó un angel.

Que antes de darle el segundo corazón que tenía para ella, me llamó la razón. Pero tampoco le hice demasiado caso. En ese momento ya cerca de una hora de embriaguez de su mirada, de su miedo. Y bien, de martinis del cielo. Pero podría jurar que ni un arsenal de ellos fue comparable.

Llegó y al verla hasta mis miedos temblaron. La vi y no supe qué hacer, mas era cuestión sencilla, solamente debía ofrecerle asiento. Y así, hablamos de todo y de nada. Especialmente de nada. De sus límites y mis aparentes virtudes. De sus virtudes no había mucho qué hablar, la verdad es que quería salir con vida esa noche.

Y así se nos fue el momento en que le entregué un corazón y otro. Sin motivos razonables, pero con toda la intención de regalarle un sueño. Jamás aceptó una caricia mía, y acepté mejor que nunca ese rechazo. Será que la entendí toda. Y todo.

Pero sé, que de no habera visto hubiera sido feliz. Y al verla estuve en el cielo, o un poquito más lejos. Que confirmé que no hay delicia más certera. No hay, Para prueba, basta un corazón (o dos).

Nota mental

Y ya me acordé de algo inevitablemente tonto, pero medio importante para el blog.

¿Por qué “Me a capella”?

Básicamente porque si algo inspira una vida, es la música. La música por sí misma genera un sentimiento, un beso, una caricia (y se genera de ellos a su vez). No hay nada más delicioso que escuchar en un sinnúmero de notas aquello que alguien más predijo en una partitura y ahora mismo uno está viviendo. Si es una voz, entonces es incomparable. Melodía humana…

Si pudiera algún día lograr plasmar al menos la mitad de las emociones que están encerradas en mí, entonces sería una melodía a capella, pero no cualquiera. Una melodía idealista, suave, eterna.

Me sedujo la idea de intentarlo, sin importar el resultado. Solo saber que en vez de vivirlo por mi cuenta, podría dejar un vestigio de que vivo, sin importar si a algunos no les parece preciso, en honor de quienes así les parezca. Entonces, sin melodía ni adornos, letras a capella, sin paracaídas, cayendo poco a poco.

 

Amante de los amantes

J. es amante de los amantes… sí, del círculo polar. Valiente, valiente chica, la que se sabe refugiar en sueños y aún, vivir como si realmente viviera. Digamos que se porta bien.

Yo ya la amaba, desde antes. A la película… y quizá a ella también.

Ana: Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande, y eso que las he tenido de muchas clases. Sí, podría contar mi vida uniendo casualidades.

Otto: Es bueno que las vidas tengan varios círculos, pero la mía, mi vida, sólo ha dado la vuelta una vez, y no del todo. Falta lo más importante. He escrito tantas veces su nombre dentro… Y aquí, ahora mismo, no puedo cerrar nada. Estoy solo.